lunes, 13 de agosto de 2012




(imagen tomada de onlinelibrosgratis.blogspot.com)

Connie se puso la prenda desgarrada, y se quedó mirando soñolienta por la ventana. La ventana estaba abierta, entraba el aire matinal. (...) Abajo, le oyó encender el fuego, sacar agua con la bomba y salir por la puerta de atrás. Poco a poco le llegó el olor del tocino frito, y finalmente subió él con una enorme bandeja que apenas cabía por la puerta. Puso la bandeja sobre la mesa y sirvió el té.
Él comió en silencio, pensando que el tiempo pasaba rápidamente. Esto hizo que lo recordara ella también.
-¡Oh, cómo me gustaría quedarme aquí contigo, y que Wragby estuviera a un millón de millas! Es de Wragby de lo que huyo, en realidad. Tú lo sabes, ¿verdad?
-¡Sí!".

De El amante de Lady Chatterley, de D.H. Lawrence

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